lunes, 25 de enero de 2010

Encontrando a Dios en la naturaleza/ Por Daniel Rebant

Encontrando a Dios en la naturaleza
Por Daniel Rebant

“El mundo está cargado de la grandeza de Dios”, escribió el poeta inglés del siglo 19, Gerard Manley Hopkins.
En palabras igualmente elocuentes, el salmista David escribió:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras”.

A través de la historia humana, nuestros poetas, sagas y místicos han visto el reflejo de Dios en la naturaleza. Y han sido inspirados, hasta impelidos, a compartir sus visiones.


Piensa por un momento en todas las imágenes de la naturaleza que han sido y continúan siendo evocadas como metáforas para Dios o algún aspecto de lo divino: el fuego, el viento, el agua, la tierra, el sol y la luz. La presencia de Dios también ha sido simbolizada por el relámpago y el trueno, una montaña imponente, una roca indestructible, una semilla, un árbol poderoso y una flor que abre. Algo de Dios ha sido revelado en los ojos centelleantes de un tigre, un águila que se remonta en vuelo, el susurro de una paloma y una hermosa mariposa.

Como lo expresó Ralph Waldo Emerson en su obra clásica Naturaleza: “La naturaleza es el símbolo del espíritu”. ¡Ciertamente lo es y en una diversidad fabulosa!


Los seres humanos siempre han sido atraídos a la belleza y la majestad de la naturaleza, pero ésta nos invita a mirar más profundamente. Es como que si Dios se esconde detrás de cada árbol, bajo cada roca, sobre cada colina, a través de cada pradera, en el fondo de todos los lagos, a través de cada nube, en las alas de los pájaros y en los ojos de todos los animales. Es como que si Dios juega a las escondidas con nosotros y espera que descubramos al Uno en todo.


Sintiendo la unidad


¿Alguna vez has sentido la presencia de Dios en la naturaleza?


Quizás puedas identificarte con la descripción siguiente de una experiencia en la vida de la Peregrina de la paz, una misionera espiritual quien pasó los últimos 28 años de su vida caminando a través de Estados Unidos por la paz. Esta “experiencia maravillosa de la cima de la montaña”, como ella la llamó, tuvo lugar durante una caminata temprano en la mañana.


“La parte importante de ello fue la comprensión de la unidad de toda la creación”, dijo ella. “No solamente de todos los seres humanos —desde antes sabía que todos los seres humanos somos uno. Pero ahora conocí también una unidad con el resto de la creación, con las criaturas que caminan por la tierra y las cosas que crecen en ella. El aire, el agua, la tierra misma. Y, lo más maravilloso de todo, una unidad que infunde todo, une todo y da vida a todo. Una unidad con lo cual muchos podrían llamar Dios”.


Éstas son experiencias raras y despertares maravillosos a la esencia de la vida y nuestra unidad con ella. Son verdaderamente comuniones espirituales y momentos de adoración.


“El ser humano más feliz es quien aprende lecciones de adoración de la naturaleza”, escribió Emerson. “El ministerio más noble de la naturaleza es ser la aparición de Dios. Es el órgano por medio del cual el espíritu universal habla a la persona y se esfuerza en guiar de nuevo al ser humano a él.

James Dillet Freeman, el fallecido poeta, “A medida que camino escucho”, decía, “y cuando escucho, es sorprendente cuántas cosas tienen algo que me quieren decir” como en este poema de él:


Si tuviéramos los ojos


Cuan justo un mundo
yace a nuestro alrededor,
el cielo desplegado,
si tuviéramos los ojos
Para ver el valor
de todo lo que es,
como el cielo, la tierra
también Suya es.
¿Cómo puede la rosa
más que el terrón
del cual crece
encarnar a Dios?

Sugerencias para quienes buscan a Dios


Hay muchas cosas que podemos hacer para sentir más a Dios en la naturaleza.

Da un paseo en los bosques, en un camino natural o alrededor de un lago. Utiliza todos tus sentidos, enfoca tu atención en la belleza a tu alrededor. Escucha la voz de Dios.


Lee el libro de los Salmos en la Biblia, el libro de Emerson Naturaleza, el de Thoreau Walden, los poemas de Shakespeare, William Blake, Gerard Manly Hopkins, William Butler Yeats, Ranier María Rilke, Rumi o James Dillet Freeman. Puedes ser inspirado a escribir un poema que capte una experiencia que hayas tenido de Dios en la naturaleza.


Cultiva y cuida un jardín o una planta; pero ten una relación personal con ellos. Ámalos. Ora por ellos. Háblales o cántales. Y luego, espera su respuesta.


Aprende el idioma de una mascota; trata de comprender las maneras únicas en que tus mascotas se comunican contigo. Puede sorprenderte lo mucho que te enseñarán.


Respeta y honra a la madre naturaleza al conservar sus recursos reciclando, comprando papel reciclado y productos con un empaque mínimo, comprando alimentos orgánicos y utilizando más energía renovable como la energía solar. Puedes proteger los espacios abiertos, las especies en vías de extinción, los bosques viejos, los parques nacionales y estatales y las tierras pantanosas y silvestres.


Dios aparece de muchas maneras, sin embargo, la naturaleza parece ser Su preferida —no sólo para Dios, sino para nosotros también. Ella nos calma y nos deleita; y nos asombra su majestad y poder.


A la larga, en la naturaleza, descubrimos nuestra interconexión con todas las cosas vivientes —que somos parte de una simbiosis sagrada que requiere lo mejor de nosotros: nuestro amor. Con el tiempo, a medida que damos y recibimos, descubrimos el Amor mismo.


Afirmación:

Reconozco la presencia de Dios en todas partes a mi alrededor y doy gracias por la gracia de Dios y la belleza en toda la creación.


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