jueves, 17 de septiembre de 2009

"Niños indigo, nuevos seres para una nueva Tierra" (1/2)/ Sandra Aisenberg y Eduardo Melamud



"Niños indigo,
nuevos seres para una nueva Tierra" (1/2)
Sandra Aisenberg - Eduardo Melamud

"Un índigo no es un ser superior. Es un ser humano distinto, con una nueva conciencia." - María Monachesi
¿Cómo son los Niños Índigo?
"– Estamos escribiendo un libro que habla de los niños, ¿te gustaría dejarles un mensaje a los lectores?
– Sí... Que cuiden el planeta, que no maten a las personas ni a los animales."
Tobías, cinco años.
Estas nuevas almas vienen para facilitar nuestra transición a un próximo paso en la evolución de la conciencia humana.
Tienen un conjunto de atributos psicológicos e intelectuales inusuales que revela un patrón de conducta no documentado anteriormente:
Son multidimensionales y altamente sensibles, con muchos talentos y poderes intuitivos.
Instintivamente saben quiénes son, lo que necesitan y lo que es verdadero.
Como poseen una mirada diferente de la vida, tienen otras prioridades, valores y necesidades.
Son muy sensibles a los estímulos. Tienen sus sentidos más desarrollados que el promedio habitual y muchas veces se ven sobrepasados por las energías de su entorno.
Físicamente pueden ser más sensibles a los olores o a los sonidos, por lo cual les resultan generalmente molestas las multitudes y los lugares muy ruidosos.
Pueden percibir los sentimientos no manifiestos de las otras personas sin comprender de dónde provienen. Les cuesta diferenciar entre su propia energía y la de los demás, ya que absorben la energía del ambiente y la de otras personas y la toman como propia.


Como tienen más desarrollada la percepción extra-sensorial (telepatía, clarividencia, etc.) y son extremadamente sensibles, tienen la facilidad de ver rápidamente cuando se intenta engañarlos, ya sea con palabras o con falsas apariencias.
Son muy sensibles a las emociones y tienen una conexión espiritual más profunda.
Pueden ver auras y espíritus alrededor suyo muy frecuentemente, y percibir la energía de las personas y los lugares.
Tienen sueños muy vividos que generalmente recuerdan, y les sirven de guía y ayuda en su vida. Algunos también pueden tener premoniciones.
Poseen una conciencia interdimensional. Algunos tienen recuerdos de sus experiencias antes de encarnar (es decir, antes de venir a esta vida) y muchos ya son concientes de cuál es su misión en la Tierra. Muchas veces tienen conocimientos o sabiduría que trasciende su experiencia inmediata y su edad cronológica.

María Dolores Paoli, especialista en psicoespiritualidad, nos dice en su artículo "Los Niños Índigo":
"Los Niños Índigo son inquietos, les cuesta mucho mantenerse en un mismo sitio y pare-ciera que no se cansan. Esto es porque tienen un alto voltaje de energía. Es como si tuviesen una capacidad de 10.000 vatios pasando por un cuerpito que sólo maneja 100. De ahí que necesitan liberar ese voltaje moviéndose, y se los califica de hiperkinéticos.
Tienden a aburrirse fácilmente de las cosas y sólo ponen atención y concentración en aquello que es de su interés, por lo que los Niños Índigo están teniendo muchos problemas con el sistema educativo, con la autoridad y la memorización.
Ellos aprenden por participación, en forma exploratoria creativa y reflexiva. Les gusta ser autores y no seguidores. Como aprenden más rápido a través de la experiencia que de la enseñanza impartida por otros, se aburren y pierden interés en las cosas con facilidad. Su forma de aprendizaje tiende a ser menos lineal que la del promedio, lo que les dificulta adaptarse a la presentación secuencial de la información utilizada en la mayoría de las instituciones educativas.
Procesan mayor cantidad de información a través del tacto, por lo que necesitan estar tocando algo para fijar mejor la atención. Esto hace que muchas veces parezcan distraídos o con dificultades en la concentración.
Como son particularmente creativos, siempre encuentran una mejor manera de hacer las cosas, tanto en la casa como en la escuela, lo que los hace aparecer como rompedores de sistemas. Son desestructurados en su manera de pensar, ya que utilizan patrones de pensamien-to asociados al hemisferio derecho. A causa de esto, no se relacionan muy bien con los siste-mas que se basan en el orden y el ritual. Por ejemplo: permanecer en fila o sentados en una clase va en contra de su instinto natural. Tienen dificultades para aceptar una autoridad absoluta y no responden a los castigos como método disciplinario.
Son felices estando solos y prefieren jugar con uno o dos amigos que participar en grandes grupos. Parecen antisociales, a menos que estén con seres afines. Por consiguiente, se les dificultan las relaciones sociales, especialmente en la escuela.
Desde muy pequeños se comunican con los ojos; tienen una mirada profunda y sabia".

Todavía recordamos el momento que conocimos a Leandro. La madre nos contó que tenía problemas para concentrarse en el colegio, motivo por el cual nos vino a hacer una consulta.

Si bien para nosotros es habitual trabajar con niños que tienen características especiales, este caso nos llamó particularmente la atención. Telepatía, clarividencia, clariaudiencia, sueños premonitorios... todos estos atributos aquí reunidos en un niño de ocho años que jugaba frente a nosotros armando naves espaciales.

Cuando le preguntamos si podía ver luces de colores alrededor del cuerpo de las personas nos mi-ró asombrado, como si le hubiéramos descubierto uno de sus secretos. En pocos minutos nos pasó a describir con lujo de detalles el contenido de sus visiones.

Lo que nos sorprendió es que a pesar de tener ocho años, nunca había podido hablar de esto con nadie, ni siquiera con sus padres. También recordamos el momento en que, con un dejo de angustia en su mirada, nos preguntó: "¿tengo problemas en la vista?"

Lo que descubrimos en la primera sesión es que necesitaba poder conciliar el sueño, ya que por la noche tenía miedo a causa de escuchar voces constantemente.

Después corroboramos con su madre que Leandro era muy sensible a los ruidos desde su naci-miento, que lloraba permanentemente, que había padecido continuas infecciones en sus oídos y que tenia un nivel de audición tan elevado que le permitía detectar artefactos eléctricos encendidos a grandes distancias.

También nos dijo que ya de más grande le tenía mucho miedo a la oscuridad y que, a diferencia de sus hermanos, nunca había querido quedarse a dormir en la casa de nadie. Luego comprobamos que podía percibir seres de otras dimensiones y que esto lo asustaba muchísimo.

En una sesión, mientras le mostrábamos una serie de técnicas para poder comunicarse telepáti-camente con estos seres que lo atemorizaban, nos preguntó por qué nosotros le hablábamos en voz alta, si el ejercicio era "sin palabras"... En ese momento nos miramos y nos dimos cuenta de que él también poseía ese don. Fue entonces cuando cerré los ojos y pensé las consignas mentalmente. En ese momento, Leandro sonrió y nos dijo que nos entendía perfectamente.

Un tiempo después, su madre nos contó que desde ese entonces duerme mucho más tranquilo y que había empezado a compartir con ella alguna de las cosas que le pasaban. Y lo más importante: nos dijo que a su hijo le había vuelto la alegría.

La misión de los Niños Índigo

–¿Qué harías si descubres que eres una emisaria del amor?
–Ayudaría a los seres a amar a Dios sin importar qué religión practiquen. Haría una red para que la humanidad eleve su conciencia. Yo ya lo hago con mi papá que vive lejos, pero voy a probar con otras almas.
Ludmila, 10 años


Los Niños Índigo pueden ser descriptos como seres humanos más amorosos y sensibles. Son portadores del amor universal, nos traen paz y una felicidad natural.




Están cambiando las ideas de lo que la sociedad considera necesario, ya que son menos materia-listas y tienen más desarrollada su espiritualidad.

Por eso, con su llegada se están transformando los conceptos de paternidad y de cómo ganarse la vida generando nuevas estructuras que estén en armonía con las nuevas formas de la humanidad.

Nos mueven a implementar nuevos sistemas que no los fuercen a cambiar lo que son, para poder insertarse dentro de ellos.

Tienen internalizados los códigos para construir el nuevo mundo, una nueva estructura con for-mas que tengan como base la unidad y el amor.

Tienen el propósito de elevar la vibración de este planeta empezando por su entorno más inmediato.

José Manuel Piedrafita Moreno, educador español que se define como Adulto Índigo, expresó en un reportaje realizado en Argentina en julio de 2002:

"Ellos, al tener una vibración y características diferentes, se comportan de una manera distinta. Necesitan otras pautas sociales más humanas, más amplias. Su misión principal es cambiar la sociedad.

Son rompedores de sistemas; cambian la sociedad para que el planeta esté listo para la nueva remesa de niños que está viniendo, los Niños Cristal, que tienen una energía armonizadora.

Es su misión ser puente y hacer un mundo más apropiado para lo que va a venir después. A mí me gusta que la gente los reconozca, no que los clasifique".

Distinguiendo a un Niño Índigo

Padres y maestros, preocupados por los niños, a menudo nos preguntan qué hacer ante determinadas circunstancias que se les presentan, y cómo pueden distinguir a un Niño Índigo de uno que no lo es.

Consideramos que es muy peligroso crear un culto alrededor del concepto de "Niño Índigo", y quedarse atrapados por la idea de lo especiales que son.

Los Niños Índigo no deben ser considerados superiores a otros, sino portadores vivientes de capacidades biológicas, mentales y espirituales que están comenzando a despertar en toda la humanidad.

Si el hecho de distinguir a un Niño Índigo de otro que no lo es implica un trato diferente, esto generará un prejuicio y una diferencia entre ambos.

Lo más valioso que pudimos aportarles es reconocer sus dones y ayudarlos a que aprendan a utilizarlos para el bien propio y de los demás. Darles todo el amor, la comprensión y el reconocimiento para que puedan desarrollarse plenamente.

Consideramos que la mejor forma de conectarse con el tema de los Niños Índigo es tener en cuenta que ellos han venido a demostrar que el tiempo ha cambiado y que los cambios que ellos impulsan involucran a toda la sociedad en su conjunto.

Los valores morales y espirituales que nos vienen a mostrar, no son solamente para facilitarles a ellos la tarea, sino que nos involucran a todos en nuestra propia evolución.

Los sobreadaptados

" La presión para adecuarse no es disciplina. La disciplina se manifiesta cuando comprendemos nuestro propio camino."
Betsy Otter Thompson

Desde que comenzamos nuestro trabajo con la Vibración Índigo hemos tenido acceso a mucha información de libros y de Internet. También hemos compartido experiencias con gente que está trabajando con niños adolescentes y jóvenes tanto en la educación como en la salud.

Todo esto, sumado a nuestra propia experiencia, nos hizo dar cuenta que la información que se maneja hace especial hincapié en los niños que evidencian sus síntomas, a los que nosotros hemos denominado niños "sinceros", ya que tienen la posibilidad de exteriorizar, siendo verdaderos espejos de cuanto acontece a su alrededor.

Muchas veces se cree que cualquier caso de hiperactividad o de trastornos de atención tiene una relación directa con la Vibración Índigo, y esto no es del todo cierto.

Es importante comprender que no necesariamente los Niños o Jóvenes Índigo tienen problemas disciplinarios, o son hiperactivos o tienen trastornos en la atención.

En nuestra experiencia de trabajo cotidiano nos hemos encontrado con seres que en apariencia no presentaban mayormente las características mencionadas con anterioridad.

Trabajando con una niña de 10 años, descubrimos que si bien no tenía problemas de atención en la escuela ni era hiperactiva, tenia muchas capacidades auto bloqueadas.

Por ejemplo: no se permitía dibujar porque nunca podía llevar al papel lo que ella imaginaba. Una vez nos mostró un cuadro que le gustaba mucho y dijo que ella no pintaba más porque quería lograr algo como eso, y como no le salía, entonces había dejado de hacerlo.

Cada vez que dibujaba algo lo rompía porque no le gustaba el resultado obtenido, ya que sentía un impedimento al tratar de plasmar en el plano material y concreto lo que percibía en los planos más sutiles.

Esto le producía una sensación de impotencia, que se traducía en una gran exigencia por lograr la perfección y la consiguiente desvalorización de sus cualidades.

Era una niña muy sensible y perceptiva, pero por no tener conciencia de sus dones naturales se volvía dispersa. Ella decía que se entretenía mirando y escuchando "lo que otros no podían ver ni escuchar". Todo este estado le causaba enojo, quitándole la alegría natural de la infancia.

Estos son casos a los que hay que prestar especial atención. No quiere decir que debemos preocuparnos por los niños que se adaptan naturalmente a lo que el ambiente les propone, ya que esto puede ser muy saludable.

Pero debemos observar en detalle a aquellos niños que no se adaptan naturalmente sino que se sobreadaptan, olvidándose de su sentimiento interior y siendo ellos mismos los que bloquean sus dones y cualidades naturales. Y a pesar de ser niños que desde el punto de vista energético se los puede denominar como Índigo, no se manifiestan las características propias de esta vibración a causa de su necesidad de ser aceptados por su entorno.

Esta sobreadaptación proviene de la autoexigencia de querer cumplir con un patrón externo de lo que conforma una idea de aparente normalidad, y por un fuerte temor a ser rechazados.

También los denominamos niños "adultos" ya que no muestran frecuentemente la alegría y la frescura que caracteriza a los niños de su edad. Es muy común verlos más cómodos entre chicos más grandes o con personas mayores.

A causa de control que ejercen sobre ellos mismos cuando se enojan es muy común que se desborden, y de esa forma exterioricen sus verdaderos sentimientos contenidos.

También hemos observado que se debe prestar mucha atención a sus sueños, ya que daría la im-presión de que es la forma en que el inconsciente logra transmitir algunas claves necesarias para que encuentren su rumbo interior.

Recomendamos tener a mano un cuaderno para anotar los sueños, ya que muchas veces hay mensajes que ellos mismos reprimen en estados de vigilia.

El sistema social actual propone una idea de éxito instantáneo y prioriza el premio a los resultados obtenidos sobre los esfuerzos realizados, provocando una presión tanto en los niños como en los adultos.

En el caso de los niños que se sobreadaptan, esta presión se multiplica. Esto hace que pierdan la capacidad de disfrutar del aprendizaje en sí, ya que a causa de pretender lograr el éxito pierden la idea de proceso que implica una constante evolución y aprendizaje en cada cosa que emprenden.

Es recomendable incentivarlos, proponiéndoles técnicas que les permitan cultivar la autodisciplina. Ésta requiere tener un comienzo (punto de partida) y no sentirse vencidos antes de comenzar la tarea.

Por ejemplo: el estudio de un instrumento musical, las artes marciales, el tai chi o el yoga son disciplinas que les permitirán obtener serenidad interior, y conectarse con la idea de aprender sin sentirse presionados por alcanzar un resultado determinado, ya que estas disciplinas en sí no plantean un logro en relación a un tiempo preestablecido.

Es indispensable la actitud que tomen los adultos que los acompañan. La idea es no premiar los resultados, sino los esfuerzos por superarse a sí mismo. Permitirles comprometerse con una actividad que les agrade, ya que cuando descubran su verdadero talento no hará falta obligarlos a concentrarse porque estarán llenos de entusiasmo, sin una palabra de nuestra parte.

Por lo tanto, autoexigencia no es lo mismo que autodisciplina, ya que ésta lleva naturalmente al conocimiento de sí mismo, desbloqueando dones y permitiéndoles fluir naturalmente.

Los maestros Índigo

Frecuentemente nos encontramos con padres que esperan escuchar que sus hijos son especiales. Incluso a muchos de ellos les gustaría que les digan que sus hijos son Maestros Índigo.

Pero el hecho de poseer algunas o muchas de las características vibracionales de esta frecuencia no garantiza que estemos ante la presencia de uno de ellos.

A continuación, compartiremos otro extracto del libro Niños Índigo. Guía para padres, terapeutas y educadores, de Nina Llinares:

"Poseer las características de la Frecuencia Índigo o gran parte de ellas no quiere decir que uno sea un Maestro Índigo. ¿Cómo saberlo? A todos los padres les gustaría escuchar que su niño es especial.

Un Maestro Índigo es un ser que jamás ha sido humano en la tercera dimensión de conciencia, o sea, que nunca ha estado encarnado con anterioridad en este planeta. Su vibración es elevadísima y trae características diferentes que mejorará las cualidades de la raza huma-na.

Es potencialmente un Maestro de Misericordia y un Guardián de la Esperanza; por lo tanto, la humildad es su consigna. Es capaz de realizar auténticas obras creativas con míni-mos recursos, porque también en eso su naturaleza creadora se abrirá camino en su vida co-mo ser humano.

Apenas siente apego por su propia familia; simplemente los quiere profundamente pero no se lo podrá manejar con chantajes emocionales. Trae sanación para la humanidad, aun-que mayormente actúe desde el anonimato. Viene a cambiar la sociedad, sea cual sea el lugar que ocupe dentro de la misma".

Sin embargo, Maestros Índigo o "niños de las estrellas" que nunca han estado encarnados en este planeta anteriormente y que traen como misión facilitar a la humanidad el salto frecuencial a cuarta y quinta dimensión, sólo habrá actualmente menos de un centenar en todo el planeta, siendo la mayoría aún bebés o niños pequeños. Su ADN ya es diferente al actual.

¿Es su hijo un Niño Índigo?

Para descubrirlo, hágase estas preguntas:

1. ¿Vino su hijo al mundo con un sentido de realeza, y actúa como tal?

2. ¿Tiene un sentimiento de merecer estar aquí y ahora?

3. ¿Tiene un evidente sentido de identidad?

4. ¿Tiene dificultades con la disciplina y la autoridad?

5. ¿Se rehúsa a hacer ciertas cosas que se le ordenan?

6. ¿Es para su hijo una tortura esperar haciendo colas?

7. ¿Se siente frustrado hacia sistemas estructurados y rutinarios que requieren poca creatividad?

8. ¿Encuentra mejores maneras de hacer las cosas que las que les sugieren en la casa o la escuela?

9. ¿Es su hijo un inconformista?

10. ¿Se rehúsa a responder a la manipulación o el manejo mediante el uso de la culpa?

11. ¿Se aburre fácilmente con las tareas que se le asignan?

12. ¿Tiene síntomas de desorden de atención o hiperactividad?

13. ¿Muestra capacidad intuitiva?

14. ¿Es particularmente creativo?

15. ¿Demuestra empatía o preocupación por los demás?

16. ¿Desarrolló pensamiento abstracto a muy temprana edad?

17. ¿Es muy inteligente y/o dotado?

18. ¿Ha descubierto la disposición a soñar despierto?

19. ¿Tiene una mirada profunda y sabia?

20. ¿Manifiesta pensamientos o conceptos espirituales con naturalidad?

Si usted ha respondido afirmativamente por lo menos 10 de estas preguntas, él o ella probablemente sea un Niño Índigo. Si son más de 15 las respuestas positivas, casi definitivamente lo es.

Compilación basada en la propia experiencia con niños de Wendy H. Chapman (www.metagifted.org) y en la información suministrada por los especialistas Lee Carroll y Jan Tober en su libro "Los Niños Índigo", traduci-do al castellano por María Monachesi.
Su propósito es elevar la conciencia de la humanidad, equilibrando la corriente mental analítica que predomina en la actualidad.




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